El pueblo en la guerra

Para, calla un momento, escucha la palabra de fuego. Ahora son el cielo y el infierno los que hablan. La lengua humana se ha acallado. Desconozco qué mente ha inventado cañones y aeroplanos. Solo sé una cosa: han preparado una buena siega para la muerte. Cuando la guerra llegue a su fin, no habrá muerte en el mundo. Y de haberla será discreta y silenciosa. Se caerá la muerte abajo, como una sanguijuela saciada. Soldado ruso desconocido adelantándose a Luis Martín Santos en Tiempo de Silencio.

Siempre a la sombra de su hermana pequeña, la Segunda que trágicamente no devino segundona, la Primera Guerra Mundial, la Gran Guerra, fue pionera en muchas cosas (primer uso masivo de Fuerza Aérea o de ataques con gas), y la última en algunas otras (por ejemplo, la efectividad de grandes líneas estáticas de defensa). El pasado mes de noviembre se cumplieron noventa y cinco años de su final, de un final que, lejos de acabar con todas las guerras, como suponían o más bien deseaban muchos de sus protagonistas y testigos, inauguró una etapa extremadamente convulsa en el mundo y especialmente en Europa, que solo terminó con el colapso de la URSS, o incluso más tarde en los Balcanes donde aún peligran tensos equilibrios.

La presencia de la Primera Guerra Mundial es perfectamente palpable en cuanto uno entra en los países beligerantes. La profusión de monumentos memoriales, de cementerios sin nombres, de cenotafios, es otra de las secuelas en la que esta guerra fue pionera. En Ypres, por ejemplo, en la Puerta de Menin donde se inscribieron los 54.896 nombres de soldados británicos y de la Mancomunidad  Británica de Naciones caídos en el saliente y sin tumba conocida, todas las noches a las ocho se toca el “Last Post” y se corta la carretera que la atraviesa. Uno de los primeros financiadores de esta conmemoración fue Rudyard Kipling, cuyo hijo murió allí. En Londres, en un lugar destacadísimo de la nave central de la Abadía de Westminster, está la conmovedora tumba al Guerrero Desconocido, enterrado allí con honores en 1920 y con uno de los más hermosos epitafios jamás escritos. El enterramiento del Guerrero Desconocido fue seguido por todo Londres y el Rey caminó a pie detrás de la cureña que transportaba el ataúd. En Francia, Alemania, Austria, Turquía, Alemania, incluso en Portugal se encuentran monumentos a los caídos en la Gran Guerra. En Sarajevo se puede poner uno en el lugar exacto desde donde Gavrilo Princip asesinó a Franz Ferdinand y a su esposa Sofía .

Puerta de Menin

Puerta de Menin

El asunto cambia un poco cuando se llega a Rusia. Allí casi todos los monumentos a los caídos fueron o destruidos o desmontados. Las conmemoraciones que se hicieron fueron museos contra la guerra (Ah, el pacifismo comunista…). El gran cementerio de hermandad y la iglesia que se construyeron en Moscú poco después del inicio de la guerra en recuerdo de los caídos fueron destruidos por los soviéticos. Hoy queda una lápida. Recordemos que durante los años de la guerra, Rusia ventilaba sus propios asuntos.

La Gran Guerra sacudió el siglo, no hay duda, desde las tácticas y tecnologías militares que hoy se siguen utilizando hasta las fronteras cinceladas por la Paz de Versalles que siguen siendo fuente de tensiones. Hay miles de libros, trabajos académicos, documentales, películas que la han tratado, sus orígenes, sus posibles causas, qué pudo haberla evitado, el concretísimo disparo de Gavrilo Princip, sus novedades en tácticas militares, la tecnificación, la industrialización, el negocio que hicieron (España incluída) los pocos países neutrales, etc… Pero, como diría Kipling al escribir la introducción a “The Irish Guards in the Great War” en 1923,  “Lo que sorprende al compilador de esta información es que se pueda rescatar algún dato cierto de la vorágine de la guerra”.  A Kipling le espantaba que entre toda la información disponible se perdiera la verdad de la atrocidad de la guerra que él había vivido en primera persona.

La guerra, las nuevas reglas que se crean durante su transcurso, la situación que aparece tras su final, trastornan el mundo. Pero su dramatismo más cortante solo puede vislumbrarse cuando se pueden palpar, una a una, algunas vidas rotas.

UN LIBRO

En el año 1980 Elías Canetti dejaba constancia en sus Apuntes del aprecio que sentía por un libro que leía con delectación, “lo tengo conmigo hace cincuenta y tres años”, dice. Y “suena como la mejor literatura rusa”. Las voces de los soldados,  relatos recogidos a pie de camilla, hacen según Canetti que “al acabarlo uno se siente atrozmente oprimido. Es la imagen de la Primera Guerra Mundial más fiel y verdadera que conozco”. Es un libro que también amaba Thomas Mann, cuyo ejemplar, subrayado y profusamente anotado, está en Zúrich, en el Archivo Mann de la Bodmer-Haus.

El año pasado se publicaba en España “El pueblo en la guerra” de Sofía Fedórchenko (Hermida Editores). La autora fue enfermera del ejército ruso en el frente oriental de la guerra y durante los años 1915 y 1916 recogió numerosos testimonios de los soldados heridos o enfermos que atendía. En 1917, tras la retirada del ejército ruso ordenada por el gobierno revolucionario bolchevique, Fedórchenko lo publica con gran éxito. A causa de intentos de plagio por una parte y por otra de acusaciones de etnógrafa acientífica, la autora comenzó a defender que la obra era una ficción, que era todo invención suya. La obvia falsedad de esta reivindicación la hizo caer en desgracia a ella y al propio libro. Afortunadamente, ya se había vertido al inglés, al alemán y al francés, por lo que su futuro, tan incierto dados los tiempos que comenzaban en Rusia, estaba salvado.

Casi un siglo después, las voces que habitan “El pueblo en la guerra” hablan con la misma determinación, con la misma franqueza desnuda. Y puede acercar un momento, puede asomarnos a una de las verdades más desconcertantes: el ser humano roto en una guerra. Cuando uno ha leído algunos mamotretos históricos (manuales, monografías, obras canónicas como la de Martin Gilbert); cuando se han visto decenas de mapas con las líneas de frente, las flechas de avance, el zigzagueo limpio de las trincheras sobre el papel, “El pueblo en la guerra” significa la incomodidad de haberse atrevido a pensar en estrategia, tonelaje de municiones, longitud de las líneas de suministros, potencia de fuego o velocidad de avance sin contemplar en absoluto la desgracia humana que acarrean.

Gracias a “El pueblo en la guerra” conocemos esa incomodidad y a partir de su lectura oímos la sublimación de lo humano en los dos extremos de bondad y maldad. Ningún relato de guerra nos sonará nunca más a partida, a juego. Habrá épica y grandeza, sí, pero conoceremos su precio altísimo.

A través del libro y de la organización casi temática que le dio Fedórchenko se pueden oír prácticamente los pensamientos de los soldados sobre, por ejemplo, las causas de la guerra:

“¿El porqué de la guerra? Los mercaderes han hecho un mal negocio y nos hacen pringar a nosotros…”

“Que te hieran, o la muerte, o que te dejen mutilado, no es lo más fuerte. ¡Ojalá supera cuál es el sentido, por qué unos pueblos tan pacíficos se han liado a batacazos!

“Nuestros ministros [decían] que habíamos de pelear esa guerra para que el pueblo entendiera que no valía para nada y no anduviera pidiendo tonterías… Y así fue. Delante de toda Europa, con el culo al aire”.

No hay en ningún testimonio una justificación siquiera leve de la guerra, ningún orgullo por la participación, ninguna trascendencia segura o intuida de aquello que estaban haciendo. De hecho, en muchos de los testimonios aparece el comunismo como mando paralelo (al menos moral) en el ánimo de muchos soldados. Cualquier oficial que hubiera hablado con sus hombres se habría dado cuenta de que aquello no iba en broma. Incluso periodistas extranjeros como John Wheeler Bennet escribían sobre la ofensiva Brusílov en Galitzia (en 1916, mientras Fedórchenko hacia sus anotaciones) en la que veían soldados que no querían avanzar o luchar: “hoscos y con los brazos cruzados mientras sus oficiales, tras comprobar la inutilidad tanto de los ruegos como de las amenazas, escupían a los hombres silenciosos y avanzaban solos hacia el enemigo.” Un año más tarde, en julio del 17, Trotski alentó el alzamiento de Petrogrado para reclamar el fin inmediato de la guerra. Seis mil marinos de Kronstadt se sumaron a la revuelta. Y es que ya hacía un par de años que los soldados de Fedórchenko decían cosas como estas:

“[…] Aunque el que ha hecho el juramento no lo debe reconocer, lo diré: sé muy bien contra quiénes debemos hacer esta guerra…”

La situación para los soldados se había hecho insostenible tanto en el frente donde eran maltratados por la oficialidad…“Creo que pronto las cosas cambiarán. Obedecemos sumisos mientras tememos al pecado. Y cuando salvemos al pecado, se nos abrirán otros caminos”.

… Como en sus casas donde la miseria de grandes masas de la población creaban situaciones que terminarían por explotar: “Mi mujer me escribe que nuestro mercader la trata tan mal que no hay manera de vivir. [… ]Antes no nos defendíamos nada, podías hacer con nosotros lo que te diera la gana. Y ahora hemos aprendido la lección. Me enfrento a la muerte todos los días y a mi mujer no le fían la cebada y la llevan al pecado… Si se lo dejamos pasar ahora, nos volverán a mandar a la guerra como un rebaño de ovejas. No, ya lo tengo decidido: en cuanto vuelva le abro a Onufri la barriga de un navajazo. Ya lo hemos aprendido, no hay miedo… Creo que ni siquiera nos castigarán, y si lo intentan, con todos no podrán”.

Marinos rebeldes de Kronstadt

Marinos rebeldes de Kronstadt

El comunismo había infiltrado efectivamente el ejército, y el descontento de la masa militar era campo abonado para el mensaje y la propaganda roja que casi siempre era bien recibida:Hablaba muy en contra de la ley. No era que simplemente hablara mal de los jefes, sino que llegaba al propio zar… […] No le cogí panfletos para cumplir con el juramento pero lo escuché un mogollón… Era bueno contando cosas… Y ahora pregúntame: ¿Por qué le tuve lástima? No te lo sabría decir, pero no lo delaté, ves…”

El desencanto ya estaba ahí, el cinismo también. Una crítica no necesariamente comunista: “Lo que hay de cierto en que el comandante sea mi padre, no los puedes decir ni en susurros… Lo que hay de cierto en que sean fieles hijos de la patria, no lo pienses ni en sueños… Y lo que opinas sobre para qué habrán estudiado y vivido bien gracias a nuestro trabajo, no lo reconocerás ni en el lecho de muerte…”

Pero sin duda el comunismo supo llegar a dar el salto desde un descontento por la injusticia hasta un resentimiento muy concreto con un objetivo muy claro: “No tengo caridad para con los ricos dentro de mi alma”.

Esta presencia de la Revolución en ciernes en la guerra, en las propias filas del frente oriental es de lo más interesante del libro. Cómo dos años antes de Octubre del 17 un oído atento ya captaba lo inevitable de al menos un movimiento poderoso, creciente y, lamentablemente, muy fácil de justificar para sus impulsores.

MÁS ALLÁ DE LA POLÍTICA, LA REALIDAD DE LA GUERRA

Aunque amenace trivialidad, que la guerra es cruenta es algo que se ha de recordar, decir y escuchar. Los que la padecen necesitan decirlo aunque muchos de ellos queden silenciosos para siempre, y los que no la han conocido necesitan escucharlo para no imaginar, para no poetizar demasiado, para poder visualizarlo de la manera más fiel a la realidad. Normalmente, en el libro, falta la valoración, la explicación; y lo puramente descriptivo reina en las palabras de los soldados. Estas palabras se tomaron en un hospital de campaña, quizá la imagen estaba demasiado cerca para pensarla, para decir algo sobre ella que no fuera ella misma.

“No existen palabras, no hay palabra alguna en la que quepa todo este dolor. Una bomba me arrancó un trozo grande del cuerpo”.

“No te esperas que la bayoneta entre tan rápido, como si el cuerpo fuera de mantequilla. Pero sacarla es mucho más complicado. Ahí sí que te pones como una fiera. Aquél aúlla, la sujeta con las manos para que no lo desgarre tanto o algo. Y tú le das vueltas a la bayoneta, derecha-izquierda, arriba-abajo… Que se vaya todo al carajo…”

“Le agarro por el cuello: es enclenque… Palpo por si la herida está por ahí cerca… Efectivamente, mis dedos se hunden en el pecho… Chilla como un cerdo en el matadero… Le aprieto la garganta, también está toda húmeda, y para hacerle más daño le desgarro el pecho… Se queda quieto, como dormido, y yo encima de él… […] ¿Soy yo quien mató a aquel desgaciado o él solito la palmó?… Calculo que no es pecado, pero lo veo en sueños, por enfermedad, por debilidad”.

Soldados rusos heridos son trasladados a la retaguardia

Soldados rusos heridos son trasladados a la retaguardia

Los soldados rusos se encontraron luchando contra dos enemigos con muchas similitudes y con muchas diferencias. Los austriacos eran, sí, del universo lingüístico germánico, pero en su ejército había soldados de todo el imperio, o sea, de un puñado grande de naciones, y sus fuerzas, a diferencia de las alemanas, estaban en decadencia y obsoletas. No obstante, ambos, alemanes y austríacos estaban mucho mejor pertrechados que los rusos y los soldados habían recibido mucha mejor instrucción.

Esto acomplejaba a los rusos que con vergüenza reconocían su inferioridad en todos estos aspectos: “Mandaron a una multitud de campesinos para que se convirtieran en el hazmerreír de todos los países, y explicar, no explicaron nada. Como que ya estaban viviendo mal, sin excesos, y así podrían también morir sin razón alguna. ¡Contra los alemanes con una pajita!”

La desconexión con los mandos y con las supuestas razones de la guerra era, como hemos visto, muy grande, y las escenas de confraternización con el enemigo numerosas. No hay por qué matarse si el oficial al mando no obliga: “Me acerco a la ventana: toc-toc… Abre una mujer tímida, tiembla y no dice nada. Le pido pan. Hay un mueble en la pared, saca de allí pan y queso y empieza a calentar vino en un hornillo. Mastico a dos carrillos. Pienso: no hay fuerza capaz de arrancarme de este sitio… Se oye otra vez el toc-toc en la ventana… La mujer abre, igual que a mí. Veo irrumpir en casa a un austriaco… Nos miramos, se me atraganta el pan, estoy por vomitar… No sabemos qué hacer. Se sienta, coge de pan y de queso. Se pone a comer. Zampa igual que yo. La mujer nos sirve vino caliente y dos tazas. Y empezamos a beber como unos vecinos. Bebemos, comemos, nos acostamos en el banco, cabeza contra cabeza. Y por la mañana nos vamos cada uno por nuestro lado. No había nadie para mandarnos”.

Un encuentro fortuito que no es único: “Se me acercó un alemán, así, a paso regular… Y a mí se me olvidó que tenía que disparar. […] Oye, no sabía qué hacer sin tener a nuestros muchachos alrededor”. Y que cuando se da al revés también se resuelve de la misma manera: “Estoy allí y hago como que no veo nada. Así da menos miedo. Y él se relaja, poco a poco baja el fusil y va por el lindero del bosque, escondiéndose entre los árboles como si no se diera cuenta de mi presencia. El ojo tiene mucho poder. Si lo miro en aquel momento, ya me habría ido de este mundo”.

El respeto, limítrofe a veces con el afecto, que algunos tienen con el enemigo… “Los alemanes son muy agradables para conversar, son gente culta. El único problema es que no entienden ni papa de ruso. Aunque, hablando de cosas importantes de verdad, todos se aclaran”  … hace que denuncien escandalizados algunos abusos a los prisioneros: “… agarró a uno por el cuello, lo tiró a sus pies y se puso a darle patadas y más patadas hasta que se murió. […] le pregunté, tal como os digo “¿Qué es eso? Dices que eres un demócrata y resulta que eres un hijo de puta, y de demócrata, una mierda. ¿Acaso te enseñaron en Bélgica que un alemán no es una persona, por eso lo has matado peor que a una rata?”. Me quiso pegar de la vergüenza que le daba…” 

Evidentemente esto no fue la norma en la guerra, este respeto mutuo, este desapego por la crueldad gratuita, pero sí es importante conocer que se dio, y que no fue insignificante. Mucho más conocido que el frente oriental, en el occidental se dio la famosa Tregua de Navidad.

Pero en la Primera Guerra Mundial gran parte del golpe no se lo llevaron las fuerzas militares de cada contendiente, sino la población civil que tuvo la desgracia de vivir en alguna de las zonas arrasadas por los combates y por los avances y retiradas. La desafección hacia el mando y la falta de disciplina que propiciaban episodios de virtud humana como los que acabamos de ver, también causaban desmanes cuando el hambre, la lujuria o la simple crueldad de los soldados no encontraba obstáculos.

“Asesinaron a golpes a su madre, ahorcaron al padre, abusaron de su hermana y la torturaron hasta la muerte. Y él se quedó solo. Tendría ocho años nada más, con un hermanito de pecho. Procuré acercarme a él con cariño, le alargué un poco de pan e intenté acariciarle la cabeza. Y él lanzó un chillido, como un vampiro o algo, y, sin parar de chillar, salió pitando, a campo traviesa. Ya desapareció de la vista, pero su aullido animal, de dolor y de orfandad, se oía todavía un buen rato”.

Habría que ver cuánta proporción de maldad y bondad gratuita se dieron en los soldados que conoció Fedórchenko. No he podido encontrar ni en inglés ni en alemán (el ruso me sobrepasa) si existe alguna declaración de la autora sobre cómo eligió los pasajes que componen el libro. Pero la impresión que queda es que para casi cada muestra de crueldad y humillación se da al menos una opinión escandalizada, muchas veces un acto de bondad del que no se va a recibir nada a cambio, una conciencia que no se ha desconectado del todo, la empatía hacia los que se rompen en el fragor de la guerra sin llevar siquiera uniforme, sin fusil: “¡Huy, qué duro fue! Cuando llegó el primer carro Semión Ivánich bajó y le dijo a una mujer: “Recoge tus cosas, coge a los niños y lo que más necesites, os echan de aquí”. […] Vino la gente, se enteraron y hubo llanto por todo el pueblo, atronador. […] Unos dándose golpes contra las paredes, otras tirándose de los cabellos, una vieja sacó fuera una vaquilla, la abrazó del cuello, chilló a viva voz y los perros la acompañaron, rompían el alma. Y bueno, luego empezamos a subirlos a los carros a la fuerza, no había manera de hacerlos entrar en razón. Iban todos descalzos y eso que llovía, estaba todo lleno de lodo, hacía frío… ¡Qué duro fue! Fue lo peor…”

Tropas atraviesan un pueblo en el frente oriental

Tropas atraviesan un pueblo en el frente oriental

El hambre, pan, dos soldados: “El hambre te enseña cosas. Yo, por ejemplo, he llegado a robar a un niño que dormía al lado del camino […], se habría perdido. Tenía un pan debajo de la cabeza. Y yo le cogí el pan. […] No tendrá que morir un barbudo… Y la vida que está dentro de un niño es ligera”. Y el otro: “Había pan en el estante y nadie en la isba. Metí el pan en el seno y a correr. En ese momento, empezó una mujer a gritar socorro, saltaron niños de todas partes y venga a vociferar… Se me quitó todo el apetito y tiré el pan”.

Quizá la similitud de las vidas anteriores de los soldados y de la gente que se iban encontrando hacían que la piedad espontánea se diera con más frecuencia de la que cabe imaginar. Los soldados rusos eran también, en su mayoría, campesinos pobres y analfabetos, arrastrados a ser la carne de cañón del poder militar prusiano: “Nuestros ministros [decían] que habíamos de pelear esa guerra para que el pueblo entendiera que no valía para nada y no anduviera pidiendo tonterías… Y así fue. Delante de toda Europa, con el culo al aire”.

En las penosas trincheras

En las penosas trincheras

Muchos soldados conocían y lamentaban su situación prácticamente analfabeta: “Veo un poste, en el poste unas palabras escritas, y no soy capaz de leerlas. Detrás del poste, los caminos se separan, así que ve adonde quieras. Me senté y me puse a recordar el cuento. Y en aquel cuento, huyendo del perro se encontraba al lobo. Por esto fui entre los caminos, por el medio, y por poco me quedé atrapado en una ciénaga. Más vale que nos enseñen a leer, en vez de contarnos cuentos”. Aunque también tuvieron la maravillosa intuición de que la cultura sola no es salvoconducto para la bondad; para el entendimiento cabal y humano de la vida: “Uno de ellos le dice al otro que el que no haya leído a Pushkin y a no se quién más, no es una persona… Fíjate en lo que ha dicho, tú… Si no hay prácticamente nadie que los haya leído, ¿acaso no somos personas? Él sí que los ha leído y no hay nada bueno en él… Tiene un cuerpo flaco y un alma flaca. Tiene miedo, se enfada consigo mismo y con los demás… Un moco de persona. ¡Toma Pushkin!… Y entre nosotros hay auténticos héroes y gigantes… No me lo puedo quitar de la cabeza, tanto me hirieron sus palabras…”

Sin embargo, en los momentos de miedo, de cansancio, de desesperación, aman la música o la poesía, la cultura a la que sí tenían acceso: “El que ha inventado canciones para los soldados es la persona más lista del mundo”.

Analfabetos y desesperados, los soldados rusos de Fedórchenko no son, como hemos visto, desechos morales. La preocupación por el carácter ético de sus acciones en la guerra es constante. Por un lado el deber de obedecer, por otro la propia conciencia que no aguanta la naturaleza de esas órdenes: “¡La que nos ha caído! […] No puedes dejar de obedecer, pero si obedeces, tu alma no lo aguanta…”

Hay quien ha desistido de la propia responsabilidad moral. Recordemos que tres décadas más tarde, en Núremberg, este sería un punto crucial en los juicios de los criminales de guerra nazis: “No, yo me he prohibido prensar en muchas cosas […] Me mandan u ordenan cualquier cosa, la hago, cumplo. Pero no cargo con responsabilidad alguna, ni ante la gente, ni ante Dios mismo”.

La fuerza de la normalidad impuesta por el hecho de que la barbarie se vea mil veces repetida: “La costumbre hace ley. Yo ya me he acostumbrado a todo: no siento ni mi propio miedo ni el de los demás. Solo me falta matar niños. Pero creo que también a eso puede acostumbrarse uno”.

Pero si algo llama la atención en los fragmentos en los que se habla de la culpa o de la responsabilidad de hechos atroces es la presencia constante de la palabra pecado, que se repite una y otra vez. A partir del texto no siempre es posible averiguar si es religiosidad sincera o no, pero lo que sí es seguro es que esta continua mención del pecado es posible porque el comunismo no ha empezado aún a desterrar (o a intentarlo) del alma rusa toda referencia a la divinidad (a una divinidad ajena al Partido, se entiende).

“¿Es pecado o no es pecado?” Se lee varias veces.

El único pecado es no estar espabilado”. Avisa el cínico.

“¡No hay vida en esta guerra! Tengo miedo y me arrepiento. Y todo lo que hago resulta pecado. Si no obedezco es pecado, y si obedezco me mandan cometer pecados tan gordos que da miedo morirse después”.

“Te lo digo de corazón: no es pecado… Da igual: si no somos nosotros serán otros, no hay amos”. La pura desesperación: esto es, la convicción de que el triunfo del mal es tan inevitable que no puede reprocharse resistirse a él. La solución a tal desesperación ya la hemos visto antes, no tomar responsabilidad. Incluso hay quien renuncia a su alma para no tener que rendir cuentas, ni ante sí mismo ni ante nadie: “Eso que dices es cierto: el alma no tiene nada que ver con el pellejo. Mi pellejo, por ejemplo, anda sin el alma durante horas cuando toca ir al ataque. Es por eso que soy tan valiente”.  

Los que sobrevivieron a esta miseria física y espiritual, ¿cómo quedaron? ¿Qué han significado esos meses o esos años en el conjunto de sus vidas? La respuesta obvia es la peor, y es la más repetida: “No tienes nada por delante”. Y otro: “No me queda nada… Ni quiero volver a casa, ni espero novedades ni temo a la muerte ni me alegro del combate… Me he cansado…”

Sin embargo hay ciertas cosas que merecen la pena, algunos descubrimientos, fecundidad de vida en el infierno (no seamos tampoco demasiado enfáticos con la celebración, los palos a la familia son de aúpa): “Aquí he encontrado amigos y compañeros. En casa no los tenía. Solo estaban mi mujer y mis hijos. Tu corazón se desvive por ellos pero ¿qué les vas a decir?… Y aquí se me ha dado más discernimiento, aprendí a entender al otro y estoy listo para hazañas. En casa, la panza pesa mucho en nuestra vida”. O “Nos los pasábamos muy bien por las noches, antes de dormir. Charlábamos hasta el toque. La de cosas que nos contábamos: empezabas por Dios y acababas por las mujeres… Y en casa no tienes con quien conversar. Trabajas hasta caer rendido, te metes en la cama y partes hacia otro mundo. Porque no ibas a hablar con tu mujer, ¿no?”

Soldados rusos formando

Soldados rusos formando

Del zar abajo todos los pensamientos son lícitos delante de la enfermera. Las confesiones de los más horrendos crímenes y las evocaciones más tiernas. Un libro de pensamientos que es como un puñado de vida presente, porque casi todas las frases que pronunciaron en aquel hospital aquellos soldados rusos podrían haber sido dichas por casi todos los combatientes de la guerras pasadas, y probablemente de las que vengan. Les dejo con un atisbo de luz y nada más, porque nada más se puede añadir que valga la pena: “Cuando estoy cansado me pasa una cosa rara antes de dormirme. […] Busco y rebusco una palabra cariñosa, […] “florecilla” o “estrellita” u otra cualquiera de las tiernas. Me siento sobre mi capote y me repito esta palabra unas diez veces. Y entonces siento como si me hubieran arrullado y así me duermo”.

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UPyD y los partidos antisistema

Hace apenas un mes, falleció Juan José Linz, maestro de sociólogos, politólogos y humanistas en general, en New Haven (Connecticut). El que fuera probablemente el sociólogo español más importante del siglo, era sin embargo desconocido para casi toda la sociedad española, muchas de sus obras no están traducidas al español o se han traducido muy recientemente. Como muchos otros investigadores e intelectuales españoles tuvo que emigrar para poder desarrollar una carrera brillante y quizá eso ha provocado su poco predicamento en España.

Juan José Linz

Juan José Linz

En 1976 Linz viajó a España para (lo dijeron los medios en aquellos tiempos) “asistir al nacimiento de la democracia española”. Durante su estancia dio varias conferencias y charlas a cuenta de su especialidad, la sociología política y la teoría de partidos políticos. En una de ellas, dada en Madrid ese año, Linz explicó diferentes tipos de democracia y de sistemas políticos democráticos y su estrecha relación con los tipos de partidos políticos.

En un momento de la conferencia, el profesor Linz expuso la teoría de Maurice Duverger de que todos los sistemas democráticos (con mayor velocidad y profundidad cuanto más pequeño es el distrito electoral), tienden al bipartidismo. “Con una excepción”, añade Linz. Es una excepción que estudió el italiano Giovanni Sartori: si los dos partidos predominantes son antisistema y la sociedad no lo es, aparecerán nuevos partidos leales al sistema político.

En España se está resquebrajando el bipartidismo porque los dos grandes se han convertido en antisistema. Vulnerando el espíritu y a veces incluso la letra de la Constitución, esto es, del sistema político que nos dimos los españoles con un amplio consenso, del sistema de convivencia que compartimos desde hace casi cuarenta años, los grandes partidos han tapado chanchullos, han tomado posesión de instituciones no políticas, han fosilizado sus estructuras y han dado rienda suelta a la insaciabilidad del nacionalismo de turno únicamente por intereses privados, por la permanencia en el poder.

En esto los ciudadanos han resultado ser mejores que sus élites, porque un número creciente de ciudadanos deja de considerar aceptable esta quiebra unilateral del pacto de convivencia, del sistema democrático del 78 que los grandes partidos y los nacionalistas se empeñan en diluir, aguar y desvirtuar sin atreverse a reformarlo según sus convicciones, tal vez no las tengan. Y muchos, cada vez más, hacen suya la frase de Ortega: “No es esto, no es esto”.

UPyD es un partido leal a la Constitución, partidario de su reforma en algunos puntos pero desde dentro del sistema. No un partido de componendas y pactos fuera del escrutinio público. UPyD es un partido leal a los principios constitucionales de igualdad de todos los españoles, de soberanía del pueblo español, de separación de los poderes del Estado, de democracia interna de los partidos. Es un partido leal al sistema democrático, que cree que el sistema debe cambiarse en aquellos puntos en los que puede mejorarse, pero no de cualquier manera, no pasando por encima de las reglas, con rigor y transparencia.

Por eso crece UPyD. Es el partido de muchos españoles que quieren seguir siéndolo decentemente. Que no quieren seguir votando a quienes no respetan nuestro sistema de convivencia.

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La teta y la tribuna

Esta mañana, armadas como Afrodita la de Mazinger únicamente de sus pechos, han interrumpido la sesión de control al Gobierno tres jóvenes al extranjerizado grito de “Aborto es sagrado” mientras el Ministro de Justicia intervenía por otro asunto en la Cámara.

Pechos Fuera Afrodita

Afrodita, luchando por los derechos de las mujeres. O algo.

Las tres jóvenes (una de ellas española) pertenecen al movimiento Femen, un movimiento feminista radical que controla un hombre en la sombra, Victor Svyatski, que reconoce que montó Femen “para ligar”. Este hombre también elige a las chicas que van a las acciones, tienen que ser guapas y con buenas tetas, como cualquier movimiento feminista desearía, “son las que salen en más portadas” admite conmovido. Svyatski dice de sus chicas cosas como que “no saben organizarse, llegan tarde, no tienen carácter” y que por eso las tiene “que enseñar”. También las llama putas, por cierto. Una de las activistas de Femen declara que existe un Síndrome de Estocolmo entre las chicas y este misterioso señor.

El jefe, un hombre. Qué rancio. Hasta en Femen hay "techo de cristal".

El jefe, un hombre. Qué rancio. Hasta en Femen hay “techo de cristal”.

El caso es que tres de estas chicas, guapas, con unas tetas turgentes y firmes, como cualquier feminista desearía, han interrumpido la sesión más importante de un Parlamento, cuando los diputados representantes de los ciudadanos controlan al Gobierno, para gritar la contradicción en términos que supone “Aborto es sagrado” para un movimiento abiertamente antirreligioso.

Primero, la confusión, después el desalojo con resistencia, el silencio incrédulo de los diputados y la excepción del aplauso de diputados del grupo de Izquierda Plural. ¿A qué aplaudirían estos diputados? ¿A las tetas? ¿Al mensaje? Lo uno sería sospechoso de sexista, anatema. Lo otro sería suponer que admiten la sacralidad del aborto y por tanto lo moralmente deseable de su práctica, su cualidad de estar por encima de leyes, costumbres u opiniones humanas. Pero claro, o lo uno o lo otro. O las tetas o el divino aborto.

Tras el desalojo y entrega a la policía, la Femen española ha sido puesta en libertad y ha hecho alguna declaración: “Nuestro cuerpo no es un objeto erótico, sino un objeto para la protesta“, un objeto al fin y al cabo. Mujeres-objeto-protesta. Mujeres-cartel publicitario, eso sí, de la sacralidad del aborto. Al parecer los únicos mensajes que se pueden propagar con ese objeto que, según la Femen española, es el cuerpo femenino. Que una modelo libremente enseñe su cuerpo para publicitar por ejemplo un perfume, es una intolerable vejación a la mujer. Que tres chicas, comandadas por un hombre, lo muestren para publicitar coactivamente una norma moral es el paraíso. No.

Lara Alcázar, que así se llama esta chica añadió que no pretendían “crear ningún tipo de disturbio en la actividad parlamentaria” a la vista de las imágenes se puede juzgar su sinceridad o su inteligencia. Las dos a la vez no pueden quedar bien paradas.

Esta misma chica perpetúa estereotipos claramente sexistas, como es el de las mujeres cuidadoras de enfermos y débiles cuando declara que “si me resfrío, mi madre cuidará de mí”. Qué rancio, que una madre (que además no ha abortado, ¡blasfemia!) cuide de una.

Más allá de la anécdota de un grupo extremista sin ninguna representatividad ni mensaje coherente, queda la realidad de que un grupo parlamentario dé carta de legitimidad a este acto de violación de la representación de los ciudadanos en el Parlamento aplaudiendo el teatrillo. Ese aplauso al teatrillo es lo que nos dice qué es lo que piensan los señores diputados de Izquierda Plural que es su trabajo en el Parlamento: una actuación.

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Cambiar no es decapitar

En 1558, el año de la muerte de Carlos I y a los dos años del ascenso al trono de Felipe II, la Monarquía hispánica afrontaba numerosísimos retos en los terrenos económico, social y de identidad tanto hacia sí misma con la incorporación de las Indias, como hacia el resto del mundo con las perennes guerras en Europa.

Con la muerte del Emperador y la separación del Imperio Germánico por una parte y el Hispánico por otra, aparecía la oportunidad de volver a centrarse en los reinos españoles en que, en palabras del propio príncipe Felipe en 1544: “todos los medios, formas y expedientes, son acabados; los dineros del servicio, así ordinario como extraordinario, consignados; las otras consignaciones del todo consumidas. Y de dónde se haya de proveer lo que no se pueda excusar, no se puede alcanzar”. Estas frases se las envía a su padre, que anda asediando París. El príncipe quiere que se firme la paz y por eso escribe a su padre “para que, desengañado de lo de adelante, pueda medir las cosas según lo que se podrá y no según sus grandes pensamientos”

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La Corona estaba endeudada hasta las cejas, sobre todo con los banqueros alemanes, y las remesas de las Indias no bastaban para saldar los pagos. Los pecheros castellanos estaban al límite y Felipe se lo dice a su padre: “la gente común, a quien toca pagar los servicios, está reducida a tan extrema calamidad y miseria que muchos andan desnudos sin tener con qué se cubrir . Y es tan universal el daño que no solo se extiende esta pobreza a los Vasallos de V.M., pero aún es mayor el de los señores que ni les pueden pagar sus rentas ni tienen con qué”.

Ante la ruina de los fondos públicos y la imposibilidad de apretar más los impuestos, Carlos I acaricia la idea de incautar el dinero privado que viniera de las Indias. Una expropiación en toda regla de la endeble clase comercial española. Felipe advierte a su padre que tal idea sería “en grandísimo daño destos Reinos y la total destruición y perdición de los mercaderes y de muchos particulares pobres y viudas cuyos dineros traen los galeones”.

Los historiadores afirman que estas peticiones y advertencias del futuro rey Felipe no son genuinamente suyas, sino que sus consejeros y colaboradores redactaban estos documentos y se los daban al príncipe a firmar. No obstante sería bastante improbable que el príncipe fuera a mandar a cartas a su padre sin saber y aprobar lo que en dichas cartas fuera escrito. El príncipe era la esperanza de Castilla frente al Emperador y las empresas que nacían “… según sus grandes pensamientos”.

Por esto, cuando Carlos I abdica en 1556 y en mayor medida cuando muere en 1558, algunos hombres de Castilla piensan que Felipe reinará dando mayor importancia a la reparación de los reinos españoles que a los asuntos extranjeros. Uno de estos hombres fue Luis de Ortiz.

Luis de Ortiz era contador real en Burgos y había observado que la lana merina castellana se vendía a los extranjeros y más tarde se compraban los paños elaborados, resultando un déficit muy importante en la balanza de pagos. Como además muchos de los mercaderes eran flamencos, al funcionario le daba la sensación de que se financiaba con dinero castellano la cruenta guerra de Flandes.

A partir de esta premisa, se desarrolla un plan completo de saneamiento de la Hacienda Real, desarrollo de una economía fabril moderna y una necesaria reforma social.

Además de pedirle al monarca medidas proteccionistas que vedaran la compra de paños elaborados extranjeros, las ideas de Luis de Ortiz sorprenden por su modernidad y la abolición de facto de las prerrogativas económicas estamentales más de doscientos años antes de la Revolución Francesa.

Comienza por el principio: la educación, pues dice que muchos castellanos solamente podían trabajar el campo “sin letras ni oficios mecánicos”. Para resolverlo propone una formación profesional obligatoria para todas las clases. “Se ha de mandar que todos los que al presente son nacidos en estos años, de 10 años abajo, y los otros que nacieren de aquí adelante para siempre jamás, aprendan letras, artes o oficios mecánicos aunque sean hijos de Grandes y de caballeros y de todas suertes y estados de personas”. Y preparaba un destino aciago para los ni-nis del XVI: los que a los dieciocho años no estuvieran formados en un oficio “sean habidos por extraños destos Reinos y se executen en ellos otras graves penas”. O sea, el destierro.

Los privilegios a favor de clero y nobleza a la hora de contribuir a la Hacienda Real (cuyo saneamiento era el principal objetivo del Memorial) debían terminarse y que solo tuvieran exención de impuestos los trabajadores productivos y no los rentistas: “Se puede ordenar que todos los oficiales sean libres de servicios ordinarios y extraordinarios, y lo mesmo los labradores, pastores, traxineros y carreteros y los demás que vivieren del trabajo de sus manos.”

Además, proponía limitar el poder de los regidores de las ciudades, cuyos cargos vitalicios facilitaban la corrupción y el aumento de precios: “los más de los regidores de los pueblos grandes, por ser perpetuos, son interesados unos en carnes, otros en las lanas, otros en los aceros, otros en sebo y otros en el pescado y aceite; y, finalmente, en todo lo necesario para la sustentación humana; los cuales, con sus industrias (corruptelas), encarecen las cosas en los excesivos precios que al presente están.” Luis de Ortiz percibía que la corrupción encarecía la vida de los súbditos más desfavorecidos y proponía renovaciones anuales de los regidores tras exhaustivos juicios de residencia (las auditorías de la época).

Luis de Ortiz intuía que la mejor manera de que se cumplieran las leyes y que los poderosos no aplastasen a los súbditos era tener una economía próspera y saneada porque “las necesidades de los Reyes hacen quebrar y derogar las leyes buenas, pues a necesidad no hay ley, y menos en los Príncipes”. Un gobernante bien pagado es una ayuda para que las leyes no se quebranten.

Además, se comportó como un verdadero consultor avant la lettre, con un auténtico value based deal: pidió una compensación al Rey de un 3% de las ganancias generadas con sus medidas. Lamentablemente nunca pudo cobrar. Felipe II nunca aplicó el plan Ortiz y no hizo sino mantener el statu quo. Se agravó la crisis económica y social de los Reinos españoles, sobre todo de Castilla, y comenzó la lenta pero inexorable caída de la Monarquía Hispánica como primera potencia.

¿A qué vienen Luis de Ortiz, Carlos I y Felipe II? Pues para empezar porque nunca está de más conocer algunos de los personajes secundarios de la Historia de España y desde que descubrí su existencia gracias a Manuel Fernández Álvarez me he encargado de hablar de él a quien ha tenido la paciencia de oírme o leerme. Para seguir, porque es cuando menos sugerente imaginar cómo habría sido España si se hubieran tomado siquiera algunas de las medidas del contador real. Sin duda cambios que afectaban a instituciones tan importantes habrían llevado a cambios en el modelo social y económico de los Reinos peninsulares y en el resto de Europa. La nobleza y el clero pagando impuestos de patrimonio, exenciones fiscales para la industria, control más estricto de los cargos públicos…

Aquel momento fue sin duda lo que Acemoglu, en su libro Why Nations Fail?, llama una critical juncture histórica que puede condicionar el futuro de un país si el país tiene o desarrolla una small difference respecto a los países de su entorno.

En mi opinión y en la de gente más lista que yo (Luis Garicano publicaba “¡Basta Ya!” este fin de semana en El Mundo, Mercados), estamos en un momento que es también una critical juncture y es ahora cuando las pequeñas diferencias pueden amplificarse y condicionar lo que venga en el futuro.

Tsevan Rabtan escribía el otro día que él no creía que fueran necesarios cambios institucionales tales como la reforma de la Ley Electoral o de la Constitución. Que es preferible dejar las cosas tal como están: “Y yo me pregunto ¿por qué es peor? ¿Por qué es peor mantener lo que tenemos, lo que nos ha convertido en un país democrático, con un alto nivel de vida, en el que no se mete a la gente —a menos de forma sistemática— arbitrariamente en la cárcel y en el que puedes opinar lo que quieras y hasta presentarte a las elecciones?”

Mantener lo que tenemos parece ser que no es posible si seguimos obteniéndolo de la misma manera, con la misma estructura de costes. No es peor mantener lo que tenemos, tenemos que cambiar cómo lo obtenemos para poder mantenerlo. Luis de Ortiz también quería que el “supremo mando e ymperio” de Carlos V no se acabara con él, sino que “dure perpetuamente” y por eso “he dado principio a ello [a redactar el Memorial]”.

Por otra parte, lo que nos ha convertido en un país democrático fue un conjunto de cambios institucionales que mantuvieron lo que se tenía (hospitales, universidades, escuelas) si bien estos servicios se estructuraron de otra forma. Se mantuvo lo que nos había convertido en un país industrializado y más o menos moderno y se dotó a la nación de instituciones democráticas. Y, en cierta manera, sí se dio “la vuelta a España como si fuera un calcetín”, como se ha dado la vuelta a tantos países como si fueran calcetines y los cambios han sido positivos.

Los cambios no son necesariamente  destructivos con lo anterior. Pueden ser aditivos. La alternativa al inmovilismo no es necesariamente algo “poco meditado”. Y realmente creo, porque conozco sus artículos anteriores, que Tsevan toma un poco a modo de fuego artificial que denote su cabreo lo de “la gente dice” para quedar, él, el solitario cuerdo entre el magma de descerebrados revolucionarios.

Es cierto que en España el cumplimiento de las leyes es deficiente en todos los niveles, pero no son las instituciones el reflejo de la sociedad sino al revés. Las instituciones condicionan los incentivos sociales y los comportamientos. Caso claro, Corea del Norte vs Corea del Sur: dos sociedades absolutamente diferentes en sus comportamientos con la única diferencia de las instituciones. En menor grado, otro ejemplo: Hong Kong o Taiwan vs. resto de China.

El cambio institucional es necesario. Algunos de los cambios que necesitamos vienen siendo necesarios desde que Felipe II tiró el Memorial de Luis de Ortiz a la real basura. Los cambios no implican necesariamente revolución. Necesitamos mentes como la de Tsevan para pensar los problemas. Ya las hay: gente que se ha “puesto a trabajar en ello” y también “algún experto, que sí haya trabajado en la materia”.  Pequeñas diferencias como que el gobierno judicial no dependa del Parlamento, o no incentivar los localismos con una ley electoral que produce unos resultados difíciles de justificar, o dotar de mayores medios y más independencia a los órganos fiscalizadores como el Tribunal de Cuentas, o modernizar la formación profesional, o cerrar constitucionalmente las competencias de cada administración (central, autonómica y local), o acabar con privilegios fiscales que discriminan ciudadanos dependiendo de la autonomía dónde residan. Son reformas que creo que no llevarían a ningún régimen totalitario ni incendiarían muchos conventos o muchas casas del pueblo. Conmigo sí cuenten.

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El chiringo está cerrado. Durará hasta que se caiga.

Soy bastante vago, me cuesta un mundo actualizar este blog, en el que casi nunca sé qué escribir y cuando me decido normalmente alguien, casi siempre Santiago González, lo ha dicho antes y mucho mejor.

Después de estos días en los que hemos visto cómo los millones helvéticos del señor a quien Rajoy hizo tesorero se transformaban en sobres y éstos, más tarde, en los apuntes contables manuscritos que publicó El País, uno pensaría que la siesta que lleva durmiendo Rajoy, no ya desde que es Presidente, sino desde que perdió las elecciones de 2008 dando por finiquitado el PP que habíamos conocido (el más o menos liberal, más o menos defensor de la unidad de España y más o menos firme contra los nacionalismos y el terrorismo etarra), tenía una buena oportunidad para convertirse en al menos un duermevela deslegañado.

Uno pensaría que lloverían demandas y peticiones de investigación salvajes para comprobar que el capitalito que Luis el Cabrón había atesorado en los paradisíacos valles alpinos no salía del patio trasero de Génova 13. Va a ser que no. Al parecer las únicas demandas que pueden caer son las que podrían interponer dirigentes del PP contra el diario El País. Veremos. Pero a lo que vamos: ni el baile de titulares, nunca tan acompasado, entre El Mundo y El País; ni el ruido callejero de indignación (no el de las manis, sino el de los bares, las oficinas, las puertas de los colegios, las universidades, etc…) han hecho moverse ni un pelo de la barba del Presidente.

Creo que realmente no es consciente de que ya no es alguien de confianza incluso para muchísimas de las personas que le votaron hace un año, y simplemente ese dato le invalida como un buen Presidente. Es como el Marqués de Ut, aquel personaje de “La ciudad de los prodigios” de Eduardo Mendoza, a quien todos los cambios de su tiempo le alcanzaron a contrapié. Una versión más castiza y menos elegante que aquella reina de Francia que decía que si los pobres no tenían pan, que comiesen pasteles.

“El Marqués de Ut […] era un conservador intransigente; su falta absoluta de opinión tenía un peso enorme en los círculos reaccionarios de país. Estos grupos, integrados por aristócratas, terratenientes y algunos elementos del Ejército y del clero ejercían sobre la vida política de la nación una influencia decisiva de carácter inverso: no intervenían en nada, salvo para impedir que se produjeran cambios; se limitaban a dejar constancia de su existencia y a prevenir a la opinión pública de lo que podía suceder (algo trágico) si su inmovilismo a ultranza era contrariado. Eran como leones dormidos en medio de un aprisco. En realidad no sustentaban ninguna ideología [recuérdese aquel “los liberales al partido liberal y los conservadores al partido conservador” que pronunció en Elche], cualquier intento de racionalizar su actitud era mal recibido; habría supuesto a sus ojos poner en tela de juicio lo recto lo justo y lo necesario de esa actitud, una brecha en el orden natural de las cosas. Que se justifiquen otros, decían: a nosotros no nos hace ninguna falta porque tenemos razón. Toda innovación, aunque coincidiera con sus intereses les horrorizaba; aceptarla les parecía un suicidio”

Más allá de la naturaleza de Rajoy, de quien creo que no hubiera sido mal Presidente durante una legislatura tranquila, sin demasiados retos estratégicos, está la acción absolutamente monolítica de un PP que solo es explicable ante la parálisis que sufren algunos individuos o grupos cuando se ven amenazados de muerte: o correr o echarse al suelo con los ojos tapados. Parece ser que ha tocado echarse al suelo.

Del mensaje de Rajoy ya se han hecho suficientes análisis de texto mucho más brillantemente de lo que pudiera hacer yo. Tan solo entresaco la que me parece que es la frase más importante y reveladora del discurso: “Queridas amigas y amigos de la Comisión Ejecutiva del Partido Popular”

Cuando un Presidente del Gobierno sale a decir que ni él ni sus máximos colaboradores han cobrado dinero negro, lo suyo es que su primera frase sea: “Estimados conciudadanos, españoles: como Presidente del Gobierno de España,…” Pero Rajoy ha preferido dar explicaciones a SU partido y no al país que preside. Creo que ese gesto le va a pasar una factura que no imagina siquiera. Un presidente que tranquiliza al partido y no al país; que protege a su ministra ante las informaciones no ya periodísticas, sino policiales, que indican que cobró un pastizal en payasos y hoteles. Creo que su figura y su legitimidad para casi todo se ha esfumado en el momento en que ese mensaje es a puerta cerrada y ante los mandamases del PP y no en rueda de prensa y en la Moncloa.

Por otra parte Rubalcaba, empequeñecido aún más, monacal en su alocución, sin ninguna esperanza de ser tenido en cuenta ha dicho algunas cosas sobre la crisis política y ha pedido la dimisión de Rajoy.  Solamente la respuesta, urdida sin duda por algún enemigo acérrimo del PP, que ha perpetrado González Pons ha prestado relevancia al discurso de la joven promesa.

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González Pons ha pretendido desde el Congreso de Valencia (si no antes, yo no tenía uso de razón) ser un tipo enrollado del PP, quizá un PPero que quedara en pie tras alguna derrota de los más tradicionales y pudiera llegar a algo realmente importante. Rajoy clavó un clavo en su ataud al dejarle fuera de los ministerios y hoy él mismo se ha clavado otro diciendo algunas tonterías y muchas inoportunidades. Aquí algunas:

  • “Por descalificar a los dirigentes del Partido Popular, por descalificar al Partido Popular, por descalificar con eso a todos los votantes del Partido Popular.” Ya estamos diciendo que si se critica a los que salen en los papeles estamos criticando a doña Antonia, de Cacabelos, que votó a Rajoy. No cuela.
  • “Rubalcaba no va a separar a los españoles” Criticar a Mariano Rajoy (levísimamente) es separar a los españoles.
  • “Ha llegado el momento de la transparencia”  Quiere decir que hace un par de meses no lo era. O que la transparencia tiene “momentos”. Es posible que sea sincero, puesto que en su investidura, Mr Rajoy no pensaba que hubiera que hacer un especial esfuerzo contra la corrupción.
  • “Los españoles no quieren que Rubalcaba los divida, esperan que sea tan transparente como Rajoy” González Pons, parece ser, conoce la opinión de los españoles, y que éstos consideran a Rajoy suficientemente transparente. Las encuestas más recientes hacen que tomemos estas declaraciones como una licencia poética.
  • “La gente no puede más, la gente está harta y la gente está cansada de luchar” Se le ha olvidado decir “de nosotros y contra nosotros”
  • “Desestabilizando el Gobierno se pone con la crisis y contra los españoles” ¿No les recuerda a algo? “Atacando a determinadas personas se quiere desestabilizar a Cataluña y confundir y manipular a los catalanes” L’État c’est moi, que dijo el gabacho.

En fin, que estos días se pone de manifiesto algo que las mencionadas encuestas ya recogen. Que ni el Gobierno ni el principal (¿por cuánto tiempo?) partido la oposición tienen ni puñetera idea de lo que la gente les está pidiendo. Y esto es simplemente que se comporten como personas responsables. No se les va a volver a perdonar la corrupción.

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¡Qué escándalo, qué escándalo! ¡Aquí se juega!

Desde hace un par de semanas, y como ese Capitán Trueno de la ceba que es Artur Mas no ceja en sus anuncios o amenazas de proclamar la independencia de Cataluña contra viento y marea, o sea, contra “Tribunales y Constituciones”, anda revolucionado el patio del establishment patrio. Anda tan revolucionado que en apenas tres días han aparecido tres documentos que por su contenido y sobre todo por quién lo firma han recibido una atención mediática que sólo podría haber sido mayor de no concurrir en el tiempo con la funesta desgracia del Madrid Arena.

Estos tres documentos son: dos manifiestos promovidos por los diarios El País y El Mundo y firmados por personas relacionadas con lo que se llama el mundo de la cultura, profesores de universidad y otros profesionales (Vargas Llosa y Félix de Azúa firman los dos), y un informe de la fundación FAES que coordina Gabriel Elorriaga y que se titula El Mito Fiscal. Razones para un debate.

Como primer pensamiento, me parece una casualidad extraordinaria que en tan corto espacio de tiempo aparezcan tres documentos que requieren de preparación previa y no pueden ser una respuesta inmediata a una declaración concreta o a la última salida de tono del molt honorable prognato.

Después, no pueden dejar de recordarme al capitán Renault en Casablanca cuando, en un ataque de arbitraria autoridad decide cerrar Rick’s. Cuando le preguntan la razón, responde con aspavientos: – ¡Qué escándalo, qué escándalo! ¡Aquí se juega!

Acto seguido un joven croupier se acerca al capitán y le entrega un fajo de billetes en un sobre: – Aquí están sus ganacias Capitán. -Gracias, gracias. ¡Vayan saliendo!

Un poco es esta la sensación que me deja la lectura de los tres documentos. Sobre todo el informe de FAES. Aquí nadie sabía lo que lleva pasando 30 años en Cataluña. Es todo culpa de los últimos 15 días y de Mas. Y es todo una cortina de humo para ocultar el desastre económico catalán y camuflar los grandes recortes que se están haciendo y tendrán que segur haciéndose allí.

Pues bien, esa tesis es de un infantilismo y de una irresponsabilidad extraordinaria. El nacionalismo lleva diciendo y haciendo lo mismo durante 30 años con el apoyo unas veces, el silencio otras y la asimilación de sus tesis casi siempre por parte de los dos partidos políticos nacionales mayoritarios. Mucho más aún por Izquierda Unida (y todos sus cambios de packaging, branding o lo que sea).

A continuación, algunos párrafos extraídos de los tres documentos y algunas preguntas y comentarios.

El de El País

“Es preciso que CiU y otras fuerzas de afinidad independentista asuman sus graves responsabilidades en la equivocada gestión de la presente crisis económica y en los abusos en que incurrieron y dejen de exculparse bajo el supuesto expolio perpetrado por España. Esa estrategia de exculpación les ahorra el debate económico y social que necesitan tanto Cataluña como el resto de España, exacerbando y absolutizando, en su lugar, un debate nacional y nacionalista.”

¿Las otras fuerzas de afinidad independentista son ERC?

¿Podría ERC haber gobernado en Cataluña sin el PSC-PSOE que tanto defendió este medio que ahora se da cuenta de las “graves responsabilidades”? 

“Consideramos, además, que todas las fuerzas democráticas deberían sumarse en la búsqueda de un mejor encaje institucional para Cataluña, de una financiación más justa y de una federalización del deteriorado Estado de las autonomías, que inscriba en su norma suprema la solidaridad interterritorial y los criterios de su aplicación compatibles con el esfuerzo común de todos y el principio de ordinalidad. Por ese camino podremos seguir ampliando las cotas de libertad, igualdad, progreso y respeto mutuo logradas con la Constitución de 1978.”

¿Cuando se habla de todas las fuerzas democráticas se incluye al PP al cual se excluyó de la vida política de Cataluña por una parte en el Pacto del Tinell (PSC-ERC-IU) y por otra parte con Artur Mas ante notario?

¿El periódico que jaleaba a Luppi y otros tantos por su ocurrencia del “cordón sanitario” se da cuenta ahora de que son necesarios consensos que pongan en valor las comunidades y no las excepciones?

El de El Mundo

“… Por todo ello, no estamos dispuestos a que un muro de incomprensión y agravios inventados pueda ser levantado dentro de la sociedad catalana, y entre la sociedad catalana y los ciudadanos del resto de España.”

¿No llevan los sucesivos gobiernos de la Nación 30 años pagando y tolerando una educación partida en 17 currículos irreconciliables que en las autonomías gobernadas por nacionalistas han servido como vehículo para inocular un odio a España y lo común a dos generaciones?

¿Si estos agravios inventados se hubieran intentado hacer tragar a una sociedad educada fuera de sectarismos tolerados por PSOE y PP habrían dado fruto?

¿De verdad los agravios inventados son cosas de ahora, de Mas, de 2012? 

“… actitudes irresponsables en medio de las dificultades por las que atraviesa la vida española. Lejos de enfrentarnos a la crisis de forma desunida, pensamos que es el momento de movilizar los recursos de la nación y buscar el acuerdo de todas las fuerzas políticas y sociales para salir del preocupante trance en que nos encontramos en España y en Europa .”

¿Sería una actitud irresponsable apoyar los presupuestos de Mas a cambio de apoyos para Rajoy en el Congreso?

¿Las actitudes son menos irresponsables fuera de crisis?

¿Sólo estaremos juntos para salir del preocupante trance?

El de FAES

“Cuando repasamos el debate político de los últimos años en torno a la redistribución de la renta lo primero que salta a la vista es una constante voluntad de falsificación por parte de algunos. En demasiadas ocasiones se pretende presentar como realidades objetivas e indeseables lo que son meras consecuencias de la vigencia de valores o principios ampliamente aceptados. En otras, se lanzan soflamas reivindicativas que  pretenden encubrir fracasos de gestión o aspiraciones secesionistas. Pocas veces se escuchan con claridad las razones de fondo, que no son otras que aquellas que permitirían establecer cuánta redistribución es deseable y entre quiénes debe fluir” .

¿Por qué no se ha denunciado constantemente la constante voluntad de falsificación? ¿De verdad es solamente en los últimos años cuando el victimismo nacionalista ha intentado chantajear a los gobiernos o es que ahora no hay dinero para pagarles el chantaje y por eso se denuncia?

¿Por qué no se escucha con claridad por parte de los dirigentes de partidos nacionales las denuncias a tanta voluntad de falsificación?

“La posición a la que se ha visto arrastrada la sociedad catalana es la consecuencia de un juego profundamente irresponsable entre unas fuerzas locales obsesionadas por controlar el espacio político, una pugna en la que se han rebasado todas las barreras de la sensatez. El oportunismo y la inmediatez se han impuesto a la coherencia y a la prudencia, y los resultados no pueden ser más desastrosos. Con todo, es fácil comprender que un partido expresamente independentista, como ERC, ignore la Constitución y sus implicaciones. Es bastante más sorprendente que lo haga ahora uno de sus artífices, como es el caso de CiU, que habiendo hecho de la moderación, el diálogo y un cierto sentido de Estado sus señas de identidad durante tres décadas, renace ahora como una fuerza abiertamente soberanista y revisionista del proceso de Transición democrática. Pero, con diferencia, la mayor de las contradicciones se da dentro del partido socialista

¿Han sido también el oportunismo y la inmediatez más profundamente irresponsable el que ha hecho que los dos partidos grandes se hayan echado repetidamente en manos de los nacionalistas a cambio de cesiones incapaces de satisfacer a la religión del territorio?

¿De verdad CiU ha sido un dechado de moderación, diálogo y sentido de Estado?

¿Y el PP no ha pasteleado como el que más con los nacionalistas?

“La responsabilidad de todos, socialistas y populares, es forjar acuerdos entre quienes podemos compartir una idea de España, atentos a otras sensibilidades pero conjuntamente asentados sobre la base firme de una nación común. Pero antes, la responsabilidad de cada uno es poner orden dentro de su propia casa y generar los consensos internos imprescindibles para afrontar un diálogo constructivo con los adversarios políticos.”

¿Por qué entonces se han empeñado durante 30 años en forjar acuerdos con quienes NO comparten una idea de España?

Me resulta particularmente desagradable el ver que los tres documentos hacen un uso economicista de la unidad de la nación. Algo “para estos tiempos difíciles” en los que no estamos para “tirar cada uno por su lado”. Una especie de Alianza temporal. Cuando crezcamos ya veremos. Probablemente os dejaremos hacer todo tipo de tropelías. La unidad de la nación es instrumental sí, no es una unidad de destino en lo universal. Es un instrumento pero no para salir de una crisis económica, sino para garantizar la igualdad de derechos entre todos los españoles. Y sin la participación de todos los españoles no se puede cambiar este instrumento.

Es una lástima también que en ninguno de los tres manifiestos se condena la causa de este desaguisado, el nacionalismo. Esa especie de secta totalitaria que abarca desde equipos de fútbol (el hijo de Messi ha nacido a las 17:14, tócate los cojones) hasta la rotulación de los negocios.

El nacionalismo es la causa. Este movimiento no es una cortina de humo, no es para despistar sobre los recortes. Es un proyecto político consustancial al nacionalismo. Mientras no se condene el nacionalismo, mientras nuestros partidos nacionales no den la importancia que realmente tienen a estos partidos separatistas mediante una ley electoral justa, nos seguirán haciendo rehenes de sus victimismos y de nada valdrán manifiestos, análisis o razones.

Lo que me temo es que finalmente, como en Casablanca, tanto el escandalizado como el escandalizador se irán caminando juntos entre la niebla, mientras la guerra se libra en otra parte y la sufre otra gente.

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Rajoy, el Opositor

Normalmente los opositores a puestos de niveles altos de la Administración u otros puestos de prestigio (jueces, fiscales, catedráticos, notarios, registradores de la propiedad, abogados del Estado, economistas del Estado, etc…) declaran que el secreto, la fortaleza más importante a la hora de conseguir aprobar y ganar plaza es la perseverancia. No el talento, no la inteligencia, ni los enchufes ni las triquiñuelas. La perseverancia. El mantenerse fiel al estudio, el repaso y el canto de temas. Antes o después cae la breva. (Es cierto que solo se lo he oído decir a los que han tenido éxito. Puede ser que la perseverancia sola no valga, pero para lo que nos ocupa, igual da.)

Mariano Rajoy es Registrador de la Propiedad. Tuvo perseverancia, mantuvo el tipo y aprobó la oposición tras un examen para el que se preparó durante mucho tiempo. También es Presidente del Gobierno, y también, por primera vez en la democracia, podríamos decir que por oposición.

Contra viento y marea se mantuvo ocho años al frente del PP perdiendo elecciones hasta que cayó la breva. Tomó la medida al examen, dijo lo que entraba en el temario, despotricó contra un Gobierno en huelga de cejas caídas, y con un tribunal benévolo obtuvo mayoría absoluta. La perseverancia hecha barba crecientemente canosa.

Gana plaza de Presidente del Gobierno. Y él, Opositor de corazón (del Registro y al Gobierno, entiéndase), mira los manuales, mira los temas, pregunta a sus preparadores… y nada. No venía nada de esto en el manual. 

El Opositor, el Funcionario, cree que nada de esto va con él (hoy ha admitido en el Congreso que no tiene libertad para elegir lo que hacer). Que todo se deriva de unas reglas establecidas por poderes superiores. Nos recuerda a los otros opositores cuando el ciudadano se les queja (“yo lo único que puedo hacer es aplicar la ley, yo no hago las normas, yo no puedo elegir”).

Uno, literalmente acojonado de que nos gobierne un Registrador de la Propiedad sin una pizca de sangre en las venas, sin una idea original, sin un ápice de valentía (Dios mío, este señor mendiga el apoyo de los nacionalistas catalanes teniendo mayoría absoluta), no puede más que intentar buscar lo que él dijo tras la sesión en que ZP anunció la bajada de sueldo a los funcionarios, la eliminación del cheque bebé, la congelación de las pensiones… Y lo peor es que no es sorprendente. Rajoy es mucho mejor Opositor (a Registrador y del Gobierno) que Presidente.

Hoy habría necesitado un gemelo para que le dijera lo que hace dos años dijo él a ZP.

Señores, ¿cuándo nos daremos cuenta de que con los mismos partidos de siempre no iremos a ningún sitio nuevo?

Aquí los vídeos. No los comento porque me sangran ya los lacrimales.

Por cierto, los aplausos que se oyen, se han oído hoy también. Las mismas manos aplauden hoy las medidas que abucheaban ayer. La razón es que el de la barba es quien les da de comer.

El último video sería razón de dimisión en muchos países desarrollados y subdesarrollados (los comentarios de por detrás no son míos)

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