El chiringo está cerrado. Durará hasta que se caiga.

Soy bastante vago, me cuesta un mundo actualizar este blog, en el que casi nunca sé qué escribir y cuando me decido normalmente alguien, casi siempre Santiago González, lo ha dicho antes y mucho mejor.

Después de estos días en los que hemos visto cómo los millones helvéticos del señor a quien Rajoy hizo tesorero se transformaban en sobres y éstos, más tarde, en los apuntes contables manuscritos que publicó El País, uno pensaría que la siesta que lleva durmiendo Rajoy, no ya desde que es Presidente, sino desde que perdió las elecciones de 2008 dando por finiquitado el PP que habíamos conocido (el más o menos liberal, más o menos defensor de la unidad de España y más o menos firme contra los nacionalismos y el terrorismo etarra), tenía una buena oportunidad para convertirse en al menos un duermevela deslegañado.

Uno pensaría que lloverían demandas y peticiones de investigación salvajes para comprobar que el capitalito que Luis el Cabrón había atesorado en los paradisíacos valles alpinos no salía del patio trasero de Génova 13. Va a ser que no. Al parecer las únicas demandas que pueden caer son las que podrían interponer dirigentes del PP contra el diario El País. Veremos. Pero a lo que vamos: ni el baile de titulares, nunca tan acompasado, entre El Mundo y El País; ni el ruido callejero de indignación (no el de las manis, sino el de los bares, las oficinas, las puertas de los colegios, las universidades, etc…) han hecho moverse ni un pelo de la barba del Presidente.

Creo que realmente no es consciente de que ya no es alguien de confianza incluso para muchísimas de las personas que le votaron hace un año, y simplemente ese dato le invalida como un buen Presidente. Es como el Marqués de Ut, aquel personaje de “La ciudad de los prodigios” de Eduardo Mendoza, a quien todos los cambios de su tiempo le alcanzaron a contrapié. Una versión más castiza y menos elegante que aquella reina de Francia que decía que si los pobres no tenían pan, que comiesen pasteles.

“El Marqués de Ut […] era un conservador intransigente; su falta absoluta de opinión tenía un peso enorme en los círculos reaccionarios de país. Estos grupos, integrados por aristócratas, terratenientes y algunos elementos del Ejército y del clero ejercían sobre la vida política de la nación una influencia decisiva de carácter inverso: no intervenían en nada, salvo para impedir que se produjeran cambios; se limitaban a dejar constancia de su existencia y a prevenir a la opinión pública de lo que podía suceder (algo trágico) si su inmovilismo a ultranza era contrariado. Eran como leones dormidos en medio de un aprisco. En realidad no sustentaban ninguna ideología [recuérdese aquel “los liberales al partido liberal y los conservadores al partido conservador” que pronunció en Elche], cualquier intento de racionalizar su actitud era mal recibido; habría supuesto a sus ojos poner en tela de juicio lo recto lo justo y lo necesario de esa actitud, una brecha en el orden natural de las cosas. Que se justifiquen otros, decían: a nosotros no nos hace ninguna falta porque tenemos razón. Toda innovación, aunque coincidiera con sus intereses les horrorizaba; aceptarla les parecía un suicidio”

Más allá de la naturaleza de Rajoy, de quien creo que no hubiera sido mal Presidente durante una legislatura tranquila, sin demasiados retos estratégicos, está la acción absolutamente monolítica de un PP que solo es explicable ante la parálisis que sufren algunos individuos o grupos cuando se ven amenazados de muerte: o correr o echarse al suelo con los ojos tapados. Parece ser que ha tocado echarse al suelo.

Del mensaje de Rajoy ya se han hecho suficientes análisis de texto mucho más brillantemente de lo que pudiera hacer yo. Tan solo entresaco la que me parece que es la frase más importante y reveladora del discurso: “Queridas amigas y amigos de la Comisión Ejecutiva del Partido Popular”

Cuando un Presidente del Gobierno sale a decir que ni él ni sus máximos colaboradores han cobrado dinero negro, lo suyo es que su primera frase sea: “Estimados conciudadanos, españoles: como Presidente del Gobierno de España,…” Pero Rajoy ha preferido dar explicaciones a SU partido y no al país que preside. Creo que ese gesto le va a pasar una factura que no imagina siquiera. Un presidente que tranquiliza al partido y no al país; que protege a su ministra ante las informaciones no ya periodísticas, sino policiales, que indican que cobró un pastizal en payasos y hoteles. Creo que su figura y su legitimidad para casi todo se ha esfumado en el momento en que ese mensaje es a puerta cerrada y ante los mandamases del PP y no en rueda de prensa y en la Moncloa.

Por otra parte Rubalcaba, empequeñecido aún más, monacal en su alocución, sin ninguna esperanza de ser tenido en cuenta ha dicho algunas cosas sobre la crisis política y ha pedido la dimisión de Rajoy.  Solamente la respuesta, urdida sin duda por algún enemigo acérrimo del PP, que ha perpetrado González Pons ha prestado relevancia al discurso de la joven promesa.

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González Pons ha pretendido desde el Congreso de Valencia (si no antes, yo no tenía uso de razón) ser un tipo enrollado del PP, quizá un PPero que quedara en pie tras alguna derrota de los más tradicionales y pudiera llegar a algo realmente importante. Rajoy clavó un clavo en su ataud al dejarle fuera de los ministerios y hoy él mismo se ha clavado otro diciendo algunas tonterías y muchas inoportunidades. Aquí algunas:

  • “Por descalificar a los dirigentes del Partido Popular, por descalificar al Partido Popular, por descalificar con eso a todos los votantes del Partido Popular.” Ya estamos diciendo que si se critica a los que salen en los papeles estamos criticando a doña Antonia, de Cacabelos, que votó a Rajoy. No cuela.
  • “Rubalcaba no va a separar a los españoles” Criticar a Mariano Rajoy (levísimamente) es separar a los españoles.
  • “Ha llegado el momento de la transparencia”  Quiere decir que hace un par de meses no lo era. O que la transparencia tiene “momentos”. Es posible que sea sincero, puesto que en su investidura, Mr Rajoy no pensaba que hubiera que hacer un especial esfuerzo contra la corrupción.
  • “Los españoles no quieren que Rubalcaba los divida, esperan que sea tan transparente como Rajoy” González Pons, parece ser, conoce la opinión de los españoles, y que éstos consideran a Rajoy suficientemente transparente. Las encuestas más recientes hacen que tomemos estas declaraciones como una licencia poética.
  • “La gente no puede más, la gente está harta y la gente está cansada de luchar” Se le ha olvidado decir “de nosotros y contra nosotros”
  • “Desestabilizando el Gobierno se pone con la crisis y contra los españoles” ¿No les recuerda a algo? “Atacando a determinadas personas se quiere desestabilizar a Cataluña y confundir y manipular a los catalanes” L’État c’est moi, que dijo el gabacho.

En fin, que estos días se pone de manifiesto algo que las mencionadas encuestas ya recogen. Que ni el Gobierno ni el principal (¿por cuánto tiempo?) partido la oposición tienen ni puñetera idea de lo que la gente les está pidiendo. Y esto es simplemente que se comporten como personas responsables. No se les va a volver a perdonar la corrupción.

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